Espiritualidad

“Yo te bendigo Padre, Señor del cielo y de la tierra porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños” (Lc 10, 21)

DESDE EL CORAZÓN DEL EVANGELIO

Nuestra espiritualidad nos lleva al corazón del Evangelio, Isabel Garbayo, nuestra fundadora siempre nos decía: «¡Qué vuestra vida sea un evangelio vivido!». Cada día nos sentimos llamadas a abrazar la vida de Cristo y encarnarlo en nuestra vida.

«Somos llamadas a vivir de Él, a buscarle y amarle en todo, con una vida de intensa oración»

Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra (Lc 1, 26 – 56)

De la mano de María, aprendemos a responder con docilidad y confianza, ¡hágase!, haciendo Su Voluntad. Junto a ella nos ponemos en camino cada día para servir y al terminar el día unimos nuestras voces a la suya para cantar el Magnificat, al Dios que hace obras grandes en los pequeños y humildes.

Nuestra madre nos enseña a creer, esperar y amar, a vivir atentas a la vida y a los hermanos, buscando agradar a Dios en todo.

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Noticia (Lc 4, 18-19)

Desde la oración comunitaria de la mañana somos ungidas por el Espíritu y renovadas en Su Amor para anunciar la alegría y la esperanza del Evangelio entre los pobres, para abrir cauces de liberación en medio de ellos, ayudándoles a salir de la esclavitud y opresión, especialmente junto a las mujeres víctimas de explotación y trata. 

Yo soy el Buen pastor, el buen Pastor da la vida por sus ovejas (Jn 10, 11)

Como Jesús Buen Pastor, enviadas por El, salimos al encuentro en las calles, prisiones, hospitales, barrios marginales, contextos de prostitución… allí donde está la humanidad herida y abandonada, para que puedan experimentar que un Amor les busca.

Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños a mí me lo hicisteis (Mt 25, 31 – 46)

Durante todo el día hemos estado en contacto directo con el cuerpo de Jesús. Llamadas a tocar y abrazar con ternura el cuerpo herido y sufriente de Cristo, allí donde están nuestras hermanas más olvidadas y desfavorecidas, en las que Él está y nos espera. 

Con Jesús nos adentramos en Su misión redentora, allí donde la vida está amenazada atrapada en redes de muerte. Unidas a Su cruz, cargamos con el peso del dolor, la injusticia, dejando que Su Vida y Su Amor siempre más fuerte nos transformen en cauces de Su Resurrección. 

DE LA MANO DE LOS MÁS PEQUEÑOS

«Se llaman Joy, Rose, Pepe, Felicia, Eva… de sus manos nos adentramos en el corazón de Dios,
en el Reino que se  revela a los humildes«

Él ha dicho “nunca te dejaré, nunca te abandonaré” (Eva)

“Hoy desperté con el deseo firme de seguir adelante sin mirar hacia atrás y dejar en manos de Dios mi futuro… Me conformo con tan sólo con deleitar el placer de que Dios guíe los pasos de mi vida. Tan sólo su compañía me hace grande”

Eva lleva muchos años enferma, los últimos sin apenas poderse mover, con una enfermedad respiratoria crónica.  Tiene 48 años y sabe que la muerte está cerca, lleva más de un año en cuidados paliativos. Está sóla y sin familia. Desde muy joven ha sido una chica difícil, empezó a consumir heroína y con ella entró en una espiral de muerte: violencia, prostitución, trapicheos…. Hoy desde la cama del hospital siente con fuerza como el Señor le lleva de su mano y se levanta cada día agradecida.

“Las cosas están mal, pero Dios nunca abandona a los suyos” (Joy)

Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo libra de sus angustias, Joy dice estas palabras a media noche, ejerciendo la prostitución en un inhóspito polígono industrial. Lleva ya cuatro años en la calle, su jefa no le deja ir a la casa antes de las cinco de la madrugada, haga el frío que haga y, si no lleva los 300 euros mínimos que tiene que “hacerse” cada noche, sabe la paliza que le espera, pero ella sabe que un día su deuda acabará y podrá ser libre.

POR EL CAMINO DEL AMOR Y LA CONFIANZA

«Vivimos la espiritualidad de la pequeñez y la confianza «

De la mano de Santa Teresita del niño Jesús y de tantos pequeños somos llevadas a vivir el Evangelio con sencillez por el camino del amor y  la infancia espiritual.

Su caminito nos invita a vivir con alegría el hoy, sabiéndonos pequeñas y humildes en brazos de Dios, confiando en Él, hasta la audacia.

Nos conduce a lo esencial: vivir de Amor, vivir amando. Sólo el amor y nada más que el amor. 

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